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Encuentros Diarios
Abril 03, 2026
No hay más grande amor
"Nadie tiene amor más grande que el que da la
vida por sus amigos."1
Maxwell Maltz cuenta la historia de un hombre que resultó gravemente herido
mientras intentaba rescatar a sus padres de un incendio. Sin embargo, sus
esfuerzos heroicos resultaron ser en vano. Su madre y su padre murieron en la
casa en llamas.
Durante su intento de rescate, el fuego le quemó gravemente la cara y la
desfiguró. Estaba tan avergonzado de su aspecto que se negaba a permitir que
nadie—incluyendo su esposa—viera su rostro.
Para pedir ayuda, su esposa acudió a Maltz, cirujano plástico. "No te
preocupes", le aseguró, "puedo restaurar su rostro."
A pesar de las buenas noticias, la esposa seguÃa desanimada. Su marido siempre
habÃa rechazado cualquier tratamiento médico. Suponiendo que no cambiara de
opinión, le dijo a Maltz: "¡Quiero que desfigures mi cara para poder ser
como él! Si puedo compartir su dolor, quizá me deje volver a su vida."
Maltz intentó disimular su horror ante la petición. Se negó a realizar la
operación, pero quedó tan conmovido por el amor de esta mujer hacia su marido
que fue a visitarlo. A través de la puerta cerrada, gritó: "Soy cirujano
plástico. Quiero que sepas que puedo restaurar tu rostro."
No hubo respuesta.
"Por favor, ¿no quieres salir? Al menos déjame ver tu cara. Al menos
háblame."
Silencio.
Aun hablando a través de una puerta, Maltz le contó al hombre la petición de su
esposa. "Quiere que le opere la cara para que su cara sea como la tuya.
Ella espera que entonces la dejes volver a tu vida. Asà de mucho te ama."
Muy despacio, la puerta abrio.2
Es cierto, puede ser extremadamente doloroso sentir que nadie te aceptará nunca
por tu aspecto fÃsico. Pero asà como el gran amor de esta esposa por su marido
fue abriendo poco a poco su corazón, que también seamos un canal constante del
amor y la aceptación de Dios hacia los demás, especialmente para quienes se
sienten solos.
Nuestro pecado era realmente algo que Dios no podÃa ver, y no habÃa nada que
pudiéramos hacer para cambiar eso por nuestra cuenta. Pero debido a su amor
incondicional hacia nosotros y su deseo de pasar la eternidad con nosotros,
Dios envió a Jesús a morir en la cruz para limpiarnos y darnos nueva vida. Si
aún no lo has hecho, mi oración es que abras la puerta de tu corazón a Jesús y
le permitas amarte y lavar tus pecados para siempre.
Oración sugerida: Querido Dios, gracias por amarme a pesar de ser pecador e
indigno. Ayúdame a aceptar verdaderamente lo que has hecho por mà y a vivir una
vida que honrará Tu nombre. Quiero amarte a ti y a los demás, igual que tú me
has amado a mÃ. En el nombre de Jesús, amén.
1. Juan 15:13 (NVI).
2. Maxie Dunnam, "Esto
es cristianismo" (Nashville: Abingdon Press, 1994), pp. 60-61.
El Encuentro de hoy fue escrito por: Crystal B.
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