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El Amor Nunca Falla

Hace años, R. G. Lee contó una poderosa historia acerca de una escuela en la montaña en la cual era difícil emplear a los maestros. Parecía que había un grupo de jóvenes agresivos que se sentían orgullosos de correr a los maestros. El mayor y más agresivo de todos se llamaba Tom.

Un joven maestro nuevo se los ganó, sin embargo, al dejarles escribir las reglas para la escuela –las cuales eran aplicadas de manera muy estricta con una vara. Por ejemplo, el copiar se castigaba con cinco varazos, y el robar con diez varazos, ambos castigos se daban haciendo que el castigado se quitará el abrigo.

Todo iba bien hasta que un día el almuerzo de Tom fue robado. Un niño frágil vestido con ropas usadas que le quedaban muy grandes admitió su culpa. Las reglas de la escuela demandaban que se le azotará. Cuando el maestro llamó al pequeño al frente, el vino sollozando y pidiendo que le dejaran el abrigo puesto. Los estudiantes insistieron que él obedeciera las reglas y se quitará el abrigo. Cuando lo hizo, un silencio absoluto llenó el salón, ya que él no tenía camisa y su cuerpo emancipado parecía solo piel estrada sobre huesos. El maestro aspiró y dejó caer la vara. Él sabía que nunca podría golpear al pequeño.

De repente, Tom caminó al frente y se detuvo en medio de los dos. “Yo los tomaré por él, maestro, después de todo era mi almuerzo el que él robó.” Diciendo esto Tom se quitó su abrigo.

En el tercer golpe se quebró la vara, y el maestro la tiró en la esquina y dijo, “Esto es todo, se terminó la clase.”

“El pequeño puso sus manos en el brazo de Tom y a través de sus lagrimas le dijo, “Gracias Tom, eso me hubiera matado.”1

Gracias Tom, eso
me hubiera matado.

Y eso es exactamente lo que Jesús hizo por ti cuando él murió en la cruz hace unos 2000 años—él tomó tu castigo y el mío, por todos nuestros pecados, para que pudiéramos ser libremente perdonados y recibir el regalo de Dios; la vida eterna.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito para que todo aquel que cree en él no perezca sino que tenga vida eterna.”2 Crees que Jesús murió por tus pecados y, si lo crees has aceptado el perdón total de Dios? Puedes hacerlo en este momento al repetir la siguiente oración:

“Amado Dios, confieso que soy un pecador y me arrepiento de todo el mal que he hecho. Creó que tu Hijo, Jesucristo, murió en la cruz por mis pecados. Por favor perdóname. Te invito, Jesús, a que vengas a mi corazón y a mi vida como mi Señor y Salvador. Te entregó y confió mi vida a ti. Por favor dáme el deseo de ser quien tú deseas que sea y hacer lo que quieras que haga. Gracias por morir por mis pecados, por tu perdón, por tu regalo de vida eterna, y por escuchar y responder a mi oración. Amen.”

Si hizo esta oración, comuníquelo al visitar la página : http://www.actsweb.org/sp/decision_sp.php

1. Citado en www.sermons.com
2. Juan 3:16.

Derechos © reservados por Ricardo Innés

 

 
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