Encuentros Diarios
Abril 28, 2026
1. La Palabra de Dios—un verdadero tesoro
"Te encarezco
delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos
en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a
tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y
doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que
teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias
concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista,
cumple tu ministerio."1
Casi todos
podemos acceder a una Biblia hoy en día, sin embargo, a menudo permanece
cerrada. Si entendiéramos su verdadero valor, apreciaríamos la Palabra de Dios
por encima de todo. Toda la Biblia fue inspirada por el Espíritu Santo, cada
pensamiento y palabra se originó en Dios mismo (2 Pedro 1:20-21).
Considere cómo
atesoramos las cartas de las personas que amamos. Nuestra reacción en cuanto a
la Biblia debería ser aún más fuerte. El Creador del universo, el Dios que
tiene la eternidad en su mano, registró verdades para que sus hijos vivamos con
gozo. Más aún, Dios se revela a sí mismo a través de su Palabra, la cual tiene
poder para transformar nuestra vida (Hebreos 4:12).
Nuestro amor
por la Biblia tiene su origen en su propósito esencial. Romanos 10:17 nos dice
que "la fe viene del oír, y el oír por la palabra de Cristo". Por lo
tanto, la Biblia es clave para nuestra comprensión de la fe salvadora. ¿Cómo
puede un libro así volverse común en nuestro corazón, al punto de que dejemos
de valorarlo?
Piense en la
última vez que vio una Biblia. ¿Cuál fue su reacción? ¿La leyó con entusiasmo y
reverencia? La próxima vez que abra este precioso Libro, lea sus palabras,
saboree su significado y pídale a Dios que le ayude a aplicarlas en su vida.
Oración
sugerida: Amado Padre Celestial, gracias porque tenemos acceso a una Biblia y
podemos leerla y estudiarla con libertad. Permítenos darnos cuenta del gran
privilegio que tenemos y no darlo por sentado. Señor, en Tu Palabra tenemos el instructivo
de cómo vivir la vida. Permítenos darle el valor que se merece y agradecer en
todo momento por Tu Palabra. Gracias en el nombre de Jesús, Amén.
1.
2
Timoteo 4:1-5 (RVR1960).
El Encuentro de hoy fue escrito por: Rosina N.
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