Encuentros Diarios
Julio 10, 2026
1. Valorando la disciplina
Pues nuestros padres terrenales nos disciplinaron
durante algunos años e hicieron lo mejor que pudieron, pero la disciplina de
Dios siempre es buena para nosotros, a fin de que participemos de su santidad.
Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contario, ¡es
dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los
que han sido entrenados por ella.1
A menudo me encuentro dando disciplina a mis hijos
como consecuencia de sus decisiones. Muchas veces estas consecuencias se
derivan de su desobediencia, lo que no solo les afecta a ellos, sino que a
menudo afecta a quienes les rodean. Proporcionar disciplina es el trabajo menos
favorito como padre, pero quiero a mis hijos, por eso quiero ofrecer corrección
y guía ahora que son pequeños, para que, a medida que crezcan, las buenas
decisiones formen parte de su vida diaria.
Como hija de Dios, yo también he experimentado la
disciplina divina de Dios en mi vida. A veces puede ser fácil pensar que es
injusto, pero debemos recordar que Dios disciplina a quienes ama.2
Hebreos 12:7-8 nos recuerda: "Al soportar esta disciplina divina,
recuerden que Dios los trata como a sus propios hijos. ¿Acaso alguien oyó
hablar de un hijo que nunca fue disciplinado por su padre? Si Dios no los
disciplina a ustedes como lo hace con todos sus hijos, quiere decir que ustedes
no son verdaderamente su hijos, sino que son ilegítimos." Dios, como
cualquier padre amoroso, no quiere que suframos innecesariamente. Sin embargo,
cuando elegimos alejarnos de Su voluntad, Él permitirá que las circunstancias
de nuestra vida nos detengan en seco, reflexionemos sobre nuestras acciones y regresemos
a sus brazos amorosos.
La disciplina de Dios siempre es buena para nosotros,
ya que nos ayuda a ser más como Cristo. Cada circunstancia en nuestras vidas
está moldeando nuestro carácter. Nos están preparando para mucho más que esta
vida terrenal... Nos están preparando para la eternidad. Cuando pensamos en lo
que Dios nos salvó al adoptarnos como sus hijos por la sangre de su Hijo,
Jesús, podemos apreciar la disciplina que nos da sabiendo que es por su gran
amor hacia nosotros.
Oración sugerida: Querido Dios, gracias por tu gran
amor hacia mí. No solo enviaste a Jesús a morir en la cruz para pagar el precio
de mi pecado y darme la esperanza de la vida eterna, sino que también me guías
a diario mientras me enseñas tus caminos. Aunque la disciplina nunca es
agradable en el momento, pido que me ayudes a apreciarla sabiendo que me estás
haciendo más como tú. Dame un espíritu humilde para someterme a tu voluntad
cada día en mi vida. Confío en que sabes lo que es mejor para mí y que siempre
caminas conmigo. En el
nombre de Jesús, amén.
- Hebreos 12:10-11 (NLT).
- Hebreos 12:6 (NLT).
El Encuentro de hoy fue escrito por: Crystal B.
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