Encuentros Diarios
Agosto 06, 2026
1. El orgullo en nuestra vida
También David se levantó después, y saliendo de la
cueva dio voces detrás de Saúl, diciendo: ¡Mi señor el rey! Y cuando Saúl miró
hacia atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia. Y dijo David
a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu
mal? He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová te ha puesto hoy en mis manos
en la cueva; y me dijeron que te matase, pero te perdoné, porque dije: No
extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Jehová. Y mira, padre
mío, mira la orilla de tu manto en mi mano; porque yo corté la orilla de tu
manto, y no te maté. Conoce, pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano,
ni he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para
quitármela. Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová; pero mi mano
no será contra ti.1
El orgullo nos lleva a creer que podemos manejar la
vida por nuestra propia cuenta. Los primeros dos reyes de Israel, Saúl y David,
ilustran diferentes enfoques para manejar el orgullo.
La alta opinión de Saúl sobre sí mismo lo llevó a
desobedecer los mandamientos de Dios. Tras vencer a los amalecitas, decidió
conservar algunos despojos, aunque Dios había ordenado destruir todo, incluido
los animales (1 Samuel 15:3). Cuando Samuel lo confrontó, Saúl dijo que los
había guardado para "sacrificarlos al Señor". Dios vio un corazón
lleno de orgullo. Cuando el egoísmo domina nuestro pensamiento, dejamos de
obedecer a Dios para nuestro beneficio y, si somos descubiertos, intentamos justificar
nuestra desobediencia, como hizo Saúl.
David, el segundo rey de Israel, elegido mientras Saúl
aún reinaba, no intentó iniciar su propio reinado. En cambio, esperó el tiempo
de Dios. Eso significó soportar los arranques de celos y los intentos de
asesinato de Saúl, sin vengarse. De hecho, incluso cuando tuvo la oportunidad,
David se negó a tomar el trono, no permitió que el orgullo dominara su
pensamiento.
¿Hay algún inicio de orgullo en su vida? Si lo hay,
pase tiempo con el Señor hoy y pídale que le enseñe a crecer en humildad.
Oración sugerida: Amado Padre Celestial, te pido
perdón porque hay ocasiones que todavía me dejo llevar por el orgullo. Te pido
que examines mi corazón y me dejes saber dónde necesito trabajar y entregarte
esas áreas de mi vida para que las sigas moldeando conforme a Tu voluntad. Te
pido me ayudes a crecer en humildad. Más de Ti y menos de mi. Oro en el nombre de Cristo Jesús,
Amén.
1.
1
Samuel 24:8-12 (RVR1960).
El Encuentro de hoy fue escrito por: Rosina N.
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