Encuentros Diarios
Mayo 09, 2026
1. En la mano del Alfarero
A pesar de
todo, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú el alfarero.
Todos somos obra de tu mano.1
De niños nos preguntaban: "¿Qué quieres ser
cuando seas grande?" Como jóvenes, "¿Qué quieres hacer con tu
vida?" Como adultos, "¿Tienes un plan?". Algunos no estábamos
seguros de las respuestas a esas preguntas y ¡Muchos de nosotros aún no lo
estamos! ¡Pero, Dios sí! Dios te conoció antes de que nacieras y, aun así,
tenía un plan y un propósito muy especial diseñados especialmente para ti.
Hace mucho tiempo, Dios habló a un joven llamado
Jeremías y le dijo: "Antes
de formarte en el vientre, ya te había elegido, antes de que nacieras, ya te había
apartado, te había nombrado profeta para las naciones." (Jer. 1:5) Puede que Dios no nos
hable hoy como lo hacía entonces, pero Su mensaje sigue siendo el mismo. Y como
Jeremías, tendemos a responder igual: ¡Ah, mi Señor y Dios! ¡Soy muy joven y no se hablar!" (¡O
demasiado mayores, o cualquier otra excusa que tengamos!) A lo largo del libro
de Jeremías, siguió preguntándose si realmente estaba destinado a ser usado por
Dios. En Jeremías 18, Dios lo envió a la casa de un alfarero. Cuando llegó,
Jeremías encontró al alfarero trabajando y se quedó observando cómo moldeaba un
trozo de barro en una vasija. Pero la arcilla estaba dañada, así que el
alfarero empezó a dar forma a una vasija diferente, más adecuada para la
arcilla dañada. El alfarero no tiró la arcilla por sus imperfecciones. En
cambio, la transformó en un hermoso recipiente sin defectos. Entonces Dios
tranquilizó a Jeremías diciéndole que esto es lo que hace y cómo actúa El.
Cuando no podemos ver ni imaginar lo que Dios puede haber planeado para
nosotros, Dios demuestra Su obra y Su plan perfecto brilla a través de
nosotros.
Dios quiere
usarnos tal y como somos, con nuestros momentos difíciles y todo. Permite que
Él suavice la zona dañada de tu vida y te moldee a Su manera para que puedas
reflejar la Mano del Alfarero.
Oración sugerida:
Querido Señor, me consuela saber que mi vida está en tus manos. Permíteme
mantener mi corazón tierno y dejar que trabajes en mi vida para que pueda ser
todo lo que tú me diseñaste para ser. En el nombre de
Jesús, Amén.
1.
Isaías 64:8.
El encuentro de
hoy fue escrito por: Verónica B.
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