Encuentros Diarios
Octubre 02, 2026
1. La importancia de mantenernos conectados a Dios
Entonces
Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me
desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos
estaban reunidos en Micmas, me dije:
Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el
favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a
Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él
te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel
para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un
varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe
sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.1
Saúl lo
tenía todo a su favor. Además de ser hijo de un hombre muy respetado, era alto,
apuesto y tenía una presencia impresionante (1 Samuel 9:1-2). Como Dios lo
eligió para liderar a Israel en un tiempo en que la nación enfrentaba enemigos
formidables, podemos suponer que también era valiente y carismático. Incluso el
profeta Samuel habló de él con admiración: "No hay semejante a él en todo
el pueblo" (1 Samuel 10:24).
Pero Saúl
pasó gran parte de su reinado desconectado de Dios. Sus errores de juicio surgen,
en gran medida, de un sentido inflado de autosuficiencia. Un solo error provocó
una cadena de pecados, como vemos en su desesperada y celosa persecución para
matar a David.
Cuando las
personas se valoran más de lo debido (Romanos 12:3), dejan de depender de la
guía divina. Saúl creyó saber más que Dios, ignoró la ley y ofreció un
sacrificio antes de la batalla en lugar de esperar a Samuel, a pesar de las
instrucciones claras. Al negarse a obedecer, Dios entregó el reino a alguien
que sí lo haría (1 Samuel 16:13-14).
El orgullo
siempre nos aleja del camino de Dios, pero el Señor recibe con agrado a quien
se desvía y regresa. La bendición y el gozo esperan a quienes caminan con
Él.
Oración
sugerida: Querido Padre Celestial, perdóname por el pecado del orgullo en mi
vida. Perdóname por las veces que me he adelantado de tu voluntad y desobedecido
tus instrucciones. Ayúdame a siempre valorar tu palabra y tus planes mas que
mis propias opiniones. Gracias por tu paciencia conmigo y por siempre recibirme
con los brazos abiertos cuando me arrepiento de mi pecados y te pido perdón. En
el nombre de Jesús, Amen.
1. 1 Samuel 13:11-14 (RVR1960).
El Encuentro
de hoy fue escrito por: Rosina N.
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