
Encuentros Diarios
Abril 13, 2026
1. El privilegio de conocer a Cristo Jesús
Pero
cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de
Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la
excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he
perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él,
no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de
Cristo, la justicia que es de Dios por la fe, a fin de conocerle, y el poder de
su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser
semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de
entre los muertos.1
Sin
importar a cuántas personas conozcamos o cuántas cosas logremos en la vida, el
mayor privilegio es conocer a Dios. Nada más puede darnos el gozo y la
satisfacción que anhelamos. Y, sin embargo, con frecuencia buscamos la
aceptación del mundo porque olvidamos el tesoro de conocer al Dios vivo.
A menudo,
las personas dicen una oración de salvación y se quedan satisfechas con este
primer paso. Si se les pregunta, "¿Conoce usted a Dios?", la mayoría
dirá que sí. Pero hay una gran diferencia entre conocer hechos sobre Dios y
relacionarse de manera personal con Él. Los creyentes debemos estar en
constante crecimiento del conocimiento de Dios y de lo que Él considera
importante.
Quienes
pasan la vida dependiendo de sí mismos, nunca conocen a Dios en realidad. Él se
manifestará a un corazón que sea honesto y transparente, no a uno lleno de
orgullo y arrogancia. Es en nuestro quebrantamiento donde conocemos al
Señor.
¿Tiene
usted hambre de conocer a Dios? Si es así, pregúntele: "¿Quién eres? ¿Cómo
eres?". Luego ábrase a Dios, no por el bien de Él, puesto que el Señor ya
le conoce a la perfección, sino por su propio bien (Juan 17-3). Al pasar tiempo
con su Padre celestial, usted descubrirá lo muy privilegiado que es.
Oración
sugerida: Amado Padre Celestial, gracias por el privilegio que me das de
conocerte. Te pido que me ayudes a ser lo suficientemente humilde y reconocer
que necesito de Ti todos los días de mi vida. Que nunca me sienta tan
autosuficiente que te deje de lado. Permíteme aferrarme de Ti como lo
único y más importante en mi vida. Padre Amado, quiero conocerte cada día más.
En el nombre de Jesús, Amén.
1.
Filipenses 3:7-11 (RVR1960).
El Encuentro
de hoy fue escrito por: Rosina N.
|