| |
Encuentros Diarios
Abril 23, 2026
Purificación de nuestra fe
“¿Y qué más
digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de
Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron
reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron
fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se
hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las
mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; más otros fueron
atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.
Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.
Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada;
anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres,
angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los
desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y
todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo
prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen
ellos perfeccionados aparte de nosotros.”1
A muchos
nos gustaría tener una fe heroica como los santos mencionados en Hebreos 11,
sus victorias y logros nos animan. Pero los versículos 36-38 nos muestran otra
realidad: esa fe se forma a través de las pruebas y sufrimientos, un proceso
que no siempre queremos enfrentar.
Imagínese
al Señor como un maestro escultor frente a un bloque de mármol. Ese bloque es
usted. Al visualizar la obra de arte escondida dentro de la roca, Él amorosa y cuidadosamente
va quitando todo lo que no se ajusta a la obra maestra que está creando.
Una de las
primeras áreas con las que el Señor trata es nuestro carácter. Su objetivo es
moldearnos a imagen de su Hijo. Y su cincel deja al descubierto raíces de
pecado y egoísmo.
Cuando
cualquier cosa o persona se vuelve más importante para nosotros que el Señor,
tenemos un ídolo en nuestra vida. Para protegernos, Dios a veces usa la
adversidad para eliminar todo aquello en que hemos confiado, de modo que nos
aferremos solo a Él.
El cincel
duele, y a veces parece que Dios nos quita lo que más apreciamos. Pero si
confiamos en su obra y nos sometemos a ella, la adversidad purificará y
fortalecerá nuestra fe (Santiago 1:2-4).
Oración
sugerida: Amado Padre Celestial, el proceso de purificación es doloroso, porque
se trata de dejarte trabajar en mí. Permitir que rompas lo que ya no sirve para
moldearnos a la manera que Tú quieras. Señor, el proceso duele pero confió en
que la adversidad purificará y fortalecerá nuestra fe. Te doy las gracias, te
alabo y te bendigo, en el nombre de Jesús, Amén.
1. Hebreos 11:32-40 (RVR1960).
El Encuentro
de hoy fue escrito por: Rosina N.
|
|