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Encuentros Diarios
Marzo 01, 2010
¡Lo hice! ¡Lo hice!
“Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.â€1
Un domingo nuestro pastor nos hablo de la experiencia que Max Lucado habÃa tenido en una salida familiar. Su meta era la de visitar y al tope de la cima de una montaña nevada. Ellos pusieron conducir la mayor parte del camino, pero la última milla la tuvieron que escalar a pie. Tan pronto como habÃan salido del vehÃculo y estaban parados sobre la nieve, la hija menor de Lucado, de unos tres o cuatro años de edad, le dijo a su padre, “cárgame, cárgame.†Entre más difÃcil se hizo el camino otros miembros de la familia tomaron turnos cargándola.
Tan pronto como llegaron a la cima y la puso sobre el suelo, excitadamente ella exclamó, ¡Lo hice! ¡Lo hice!
Para aquellos de nosotros que somos seguidores de Jesús, consideramos a menudo lo que Dios ha hecho por nosotros — como él nos ha salvado a algunos de nosotros de una vida de depravación, derrota y desesperación. . . como él nos ha cargado a través de als tormentas de la vida, protegido de la maldad, y nos ha liberado de muchas tentaciones? O nosotros, como la pequeña, nos damos una palmada en la espalda por nuestra bondad, orgullosos de nuestra hipocresÃa y decimos al menos dentro de nuestro corazón, "¡Lo hice! ¡Lo hice!"
¿O, cómo el escritor de himnos nos decimos a nosotros mismos en nuestros corazones, “La gloria sea para Dios, pues grandes cosas ha hecho él?â€
Esto yo lo sé, pero por la gracia de Dios no estarÃa donde estoy hoy. Tiemblo solo de pensar en cómo habrÃa terminado. Ciertamente no serÃa en donde estoy ahora.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mÃo, ¿cuánto te aprecio? Déjame contar las maneras en las que te aprecio. Serian sin final. Como te agradezco el que me hayas salvado, liberado, salvado, perdonado, e invitado a ser parte de tu familia, por hacerme la persona que soy hoy y, sobre todas las cosas, por morir por mi y darme el regalo de la vida eterna. Ayúdame a vivir de manera que sea una ofrenda de agradecimiento para ti. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.â€
1. 1 Pedro 5:7 (NKJV).
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