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Encuentros Diarios
Marzo 09, 2010
Adulterio: Sorprendido en el acto – 1ra parte
“Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley Moisés nos mandó a apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices? Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo.â€1
La mujer habiendo sido sorprendida en el acto del adulterio y llevada a Jesús para que fuese juzgada es un hecho claro de los motivos de los fanáticos religiosos que habÃan llevado a la mujer frente a Jesús. Por ejemplo, ¿dónde estaba el hombre adultero? En realidad las piedras en sus ropas eran para Jesús y no para la mujer. Ella era simplemente una pieza en el juego que los hipócritas lÃderes religiosos estaban jugando. Ellos estaban extremadamente celosos de Jesús y trataban de destruirlo.
Se puede imaginar a esos intolerantes alegrándose entre sÃ. “Cualquiera que fuera la respuesta de Jesús, ellos pensaban que él se condenarÃa. “Si él dice que debemos castigarla conforme a la ley de Dios, le acusaremos de no tener misericordia. Si dice que la dejemos libre, entonces le acusaremos de romper la ley divina.â€
Por lo tanto, permanecieron allà rodeando a Jesús y a la aterrorizada mujer. Eran como una manada de lobos hambrientos a la espera para lanzarse sobre su presa — en este caso la presa era Jesús.
¿Estaban preocupados por la mujer? En lo absoluto.
“Ahora, maestro,†se dirigieron en forma sarcástica a Jesús, “esta mujer fue atrapada cometiendo adulterio — en el acto mismo ni más ni menos. La ley divina exige que dicha mujer ser lapidadas. ¿Cuál es su sentencia?â€
Jesús les ignoró. Él se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. ¿tal vez, sólo quizá, escribiendo los nombres de los hombres en el grupo que también habÃan cometido adulterio? Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: “Es verdad, la ley de Dios dice debe ser lapidada. Vamos. Láncenle las piedras.â€
Sin embargo, después de una breve pausa silenciosa, con una mirada intensa a los ojos de cada uno de los acusadores de esa mujer, una mirada que atravesó hasta la profundidad de sus conciencias: Jesús agregó, “¡Esperen! Hay una condición: ¡dejen que el hombre que nunca ha pecado sea quien tire la primera piedra!â€
¡Sorpresa!
El silencio fue increÃble. Ahora mas como cachorros asustados, metieron si hipócrita cola entre sus patas y se alejaron a toda prisa.
Y entonces, Jesús, con un gran corazón compasivo que comprendÃa la gran necesidad de la mujer, le dijo, Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?â€
De nuevo hubo un gran silencio
“No, Señor,†respondió ella, “todos se han ido.â€
Entonces Jesús hizo un profundo pero sencillo comentario: “Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.â€2
Continuará.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mÃo, por favor libérame del ser una persona que culpe a los demás cuando yo mismo he cometido el mismo pecado o uno similar. Y como tú, y debido a que me has perdonado, ayúdame a tener la compasión por aquellos que admiten y confiesan sus pecados. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.â€
1. Juan 8:2-6 (NVI).
2. Vea Juan 8:1-11.
NOTA: El Encuentro Diario de hoy fue adaptado de Odio dar testimonio — un folleto para una comunicación cristiana efectiva, © de Dick Innes (edición 2010), pagina 160-163. Disponible en www.actscom.com/store
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